
La verdad es que Hugo Moyano es un buen tipo. Yo lo conozco bien y puedo asegurar que es una persona culta, refinada y con un alto grado de capacidad laboral. Emprendedor, nada de lo que consiguió fue de regalo, todo a fuerza de trabajo y sacrificio.
De joven era lo que se dice un play boys. Yo lo envidiaba en silencio. Fue bañero en la costa, también en el club Vélez Sarsfield. Su moto de 500 cc sobresalía por sobre las demás. Yo que era y sigo siendo su primo hermano quería ser más que eso, quería ser su amigo, pero los 7 años de diferencia eran muchos para un pibe de 18 (yo) y uno de 25 (el). Recuerdo algunas charlas en cafés del microcentro de Buenos Aires en las que cada reflexión suya era para mí una lección de vida, sobre todo recuerdo una charla política, bah, ni siquiera eso, una charla en la que yo, envalentonado, le comentaba las inmensas posibilidades que avisoraba de cambiar el destino del país (aunque íntimamente pensaba que de todo el universo). “¿Cómo vas a lograrlo?” me preguntó, después de una breve duda respondí “militando para que determinado candidato gane las elecciones y de esa manera acceder al poder y cambiar las cosas de una vez y para siempre”. Un comentario suyo me desilusionó en aquel momento. Me dijo: “el poder no se negocia, el poder se conquista”. Agregó una explicación a la que no presté demasiada atención acerca de los antecedentes mundiales al respecto. Muchos años pasaron desde aquella charla y el poder sigue en las mismas manos. Cierto es que muchos gobiernos democráticos pasaron desde aquel tiempo sombrío, pero el poder real sigue estando en las manos del mismo poseedor.
Mi primo Hugo Moyano siempre supo lo que quería y lo logró con envidiable decisión. No quiso hacer el servicio militar en el ejército y se enroló en la policía, que era una opción para evitar la “colimba” formal y estar más o menos cerca de la casa y la familia y disponer de un horario fijo de “trabajo”. Más de una vez lo vi dirigiendo el tráfico en alguna esquina de Buenos Aires.
Un día quiso ser abogado. Y adivinen, lo logró.
Un día quiso probar suerte en otro país como abogado. Y adivinen, también lo logró, en España, desde donde hasta el día de hoy cada tanto intercambiamos comentarios cibernéticos acerca de nuestras vidas y de nuestras cosas.
Mi primo Hugo Moyano no es por suerte el secretario general de la CGT. Ya lo dije, mi primo Hugo Moyano es un tipo honesto.
Este post es dedicado a Hugo Moyano (el honesto)